

Esta es la tercera parte de una charla en tres entregas que explora por qué, incluso después de asumir un voto de celibato de por vida, pueden seguir apareciendo pensamientos, fantasías y sueños sexuales.
La mirada que se propone aquí es meditativa, no represiva. Se sugiere que la energía sexual no necesita ser negada; puede ser canalizada hacia la creación. Un músico la convierte en música, un bailarín en danza y un artista en forma. Desde esta perspectiva, el ser humano no está hecho solo para reproducirse, sino para dar vida a algo más alto y más significativo. La invitación es a ir más allá de las formas inferiores de expresión y permitir que la energía ascienda hacia el amor, y luego, más allá del amor, hacia la oración.
En lugar de luchar contra las energías internas, la enseñanza anima a aceptarlas, disfrutarlas y transformarlas. La pasión se describe como la forma más baja del sexo, el amor como un nivel superior y la oración como el cambio definitivo. Se afirma que una persona meditativa puede atravesar esta transformación sin conflicto, en armonía con todas sus energías. El énfasis recae en la creatividad: música, poesía, arte, cerámica, escultura y cualquier trabajo que haga surgir algo nuevo a la existencia.
El texto también adopta una postura firme contra la represión y la rigidez moral, rechazando las tradiciones que sofocan la sexualidad en lugar de comprenderla. El hablante insiste en la claridad y la franqueza, prefiriendo la verdad simple antes que el lenguaje educado o la moral abstracta.
A continuación aparece una anécdota humorística sobre un sanjasin que se aloja en un hotel destartalado y comparte habitación con una hermosa rubia desnuda. Tras repetir sus luchas internas una y otra vez, finalmente deja de resistirse y, con calma, se come el desayuno que le han llevado a la habitación. El chiste pone de relieve la tensión entre la represión y la aceptación sencilla.
También surge otra historia zen en forma de respuesta ingeniosa a una pregunta sobre la vida sexual de los monjes: “Nun”, un juego de palabras que significa tanto “ninguno” como “monja”.
La enseñanza vuelve a su idea central: la energía sexual no es un enemigo, sino una amiga y una fuente de creatividad. El texto sostiene que la creatividad misma es profundamente sexual por naturaleza. Cuando un artista se disuelve en un cuadro, o un bailarín se vuelve uno con la danza, aparece un estado de dicha comparable al orgasmo, a menudo más profundo, más duradero y más total. Por eso, la danza y la música se presentan como formas naturales y espontáneas de transformar la energía sexual.
En última instancia, la invitación es a abrazar la sexualidad con gratitud, en lugar de rechazarla. Al hacerlo, uno se vuelve más creativo, más vivo y más abierto a una transformación más plena de la energía.
* Cita tomada del discurso en video de Osho I Am That. El fragmento fue traducido por el Ojas Meditation Center.
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