
Abuelo sereno, maestro apasionado y compartidor contemplativo de la palabra.
Hombre medicina, guardián y músico del espacio sagrado de ceremonia.
Mi nombre es Abuelo Comba Nymy Quene. Mi abuelo, Luís Alberto Celis, fue un sacerdote Muisca (chyquy) que trabajó en secreto en Chiquinquirá, lugar donde habitaban los sacerdotes de esta tradición. A causa de la persecución, tuvo que trasladarse a Bogotá, donde inició una nueva vida como litógrafo y dio impulso a un movimiento esotérico Muisca. En 1973, cuando yo tenía ocho años, me entregó el nombre de Comba, espíritu jaguar.
En 1982 inicié mi suna, el camino espiritual, para recuperar la tradición olvidada de nuestros ancestros Muiscas y transmitir la sabiduría obtenida a través de los saberes y costumbres que esta tradición ha preservado en los cuatro elementos: fuego, agua, tierra y aire. Así buscamos fortalecer nuestra humanidad desde el pensamiento, la palabra y el corazón.
Emprendí entonces una búsqueda de mis raíces. Visité a distintos sabedores de comunidades indígenas Arahuacos, Kogui, Huitotos, Tubu, Kankuamos, Cofanes, Sionas e Ingas. De ellos recibí el conocimiento y el manejo de plantas y medicinas sagradas como yagé (Ayahuasca), tabaco (Rapé), ambira, ambil, yopo y mambe. Estas medicinas ancestrales despertaron mi conciencia y me enseñaron que mis raíces más profundas están en mi territorio: las piedras, las lagunas y los lugares sagrados Muiscas. Ese mismo año, 1982, comencé el camino y el conocimiento de la medicina del yagé, y fui nombrado Taita por mi Mayor de la línea Kamëntsá-Inga, en el alto y bajo Putumayo, Colombia. Recibí sus enseñanzas durante 20 años.
En 2003 llegaron a Bogotá los Mamos, custodios de la tierra, para entregarnos la tradición Muisca. Esta comunidad había resguardado ese conocimiento en la Sierra Nevada de Santa Marta durante más de 500 años. Desde Bogotá me trasladé a un pueblo de Boyacá para aprender de ellos y, más adelante, subí con ellos a la montaña para comprender el cuidado de la Tierra. Finalmente, en 2004, fui nombrado Mamo por el Mamo arahuaco Lorenzo Izquierdo.
En distintos viajes a Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, fortalecí mi conocimiento de la medicina ancestral indígena y de diversas mancias, como numerología, tarot, astrología, geomancia, ovomancia, necromancia y aquamancia. Además, realicé cursos de superación personal con Miguel Ángel Cornejo, el Doctor Camilo Cruz y el Padre Gonzalo Gallo, entre otros. También participé en varios programas de televisión de los canales colombianos Canal 13, Canal RCN, Canal Caracol y Canal Capital.
El manejo y la formación profesional en numerología, tarot, astrología ritual y saberes ancestrales me han permitido integrar desde 2012 distintas líneas psíquicas del país, como la línea psíquica de Walter Mercado, la puerta astral, la línea astrológica de Mauricio Puerta y la línea de Salomón.
Actualmente soy gobernador y guía espiritual ancestral de la comunidad Muisca Hitcha Waïa, y continúo transmitiendo y difundiendo el conocimiento ancestral Muisca. Creo que el buen uso y manejo de las plantas sagradas despierta amor y armonía con la vida y con la humanidad.
Muisca significa “gente”. Son pueblos de las tierras altas andinas, nietos y nietas de la planta del tabaco (wesika hoska), de la coca (fuhuza) y del maíz (aba). Los Muiscas o Chibchas son un pueblo indígena que habitó la meseta Cundiboyacense en Colombia desde el siglo VI a. C.
La civilización Muisca fue una de las más avanzadas de Sudamérica. La sociedad chibcha se sustentaba en una economía basada en la agricultura intensiva, una amplia diversidad de oficios y un comercio importante. Los Muiscas destacaron como tejedores de algodón y como excelentes orfebres del oro y de las esmeraldas. Fundaron las actuales ciudades de Santiago de Tunja, la mítica Hunza, centro político, administrativo, económico y espiritual de todos los Chibchas, y Bogotá, en Colombia.
Guardianes de la tradición oral, del tejido y del oro espiritual, los pueblos antiguos ofrecían su vida a la Madre Tierra (hicha waià). Para los Muiscas son sagrados muchos espacios naturales, como montañas, colinas, rocas, lagunas, bosques, ríos, árboles y fuentes de agua, entre otros. Los veneran no solo porque consideran que allí habita alguna divinidad, sino también porque son lugares estratégicos para el equilibrio de la naturaleza.
En la sociedad indígena Muisca, las plantas son seres animados que interactúan con el ser humano. Todas poseen distintos grados y tipos de energía que les otorgan poder para sanar y transformar. Las hojas de coca, las semillas de yopo, el yagé (Ayahuasca) y el tabaco (hopa hosca o rapé) son plantas de conocimiento. Sacerdotes, chamanes y otros hombres adultos de ciertos grupos las utilizaban en su vida religiosa, para comunicarse con los planos sobrenaturales, los dioses o los espíritus de los antepasados. Son plantas fundamentales en los ritos de adivinación, en la sanación de enfermedades y como fuente de sabiduría para tomar las mejores decisiones para las comunidades y sus ecosistemas.
La comunidad Muisca asentada en el Altiplano Cundiboyacense, en Colombia, está lejos de ser una cultura prehispánica ya extinguida y reducida a un pasado precolonial. Aunque la capital y ciudad más poblada de la República de Colombia, Bogotá, fue levantada en buena parte sobre su territorio, los Muiscas nunca desaparecieron. Hoy se organizan en torno a la figura de los cabildos indígenas, muchos de ellos reconocidos por el Estado colombiano, que desde la Constitución de 1991 dejó de definirse como un Estado monocultural para reconocerse como multiétnico y multicultural.
Los Muiscas se declaran una nación en reconstrucción y lideran procesos de recuperación territorial y cultural apoyados en el conocimiento de los mayores de su comunidad (abuelos) y en la orientación de otros pueblos indígenas, como los Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta.