
El nombre shipibo de Adela es Rishin Kabi, expresión que significa “la mujer que cura”. Proviene de la comunidad Shipibo de Flor de Ucayali y es madre de ocho hijos y abuela de tres nietos. Nació dentro de una estirpe de sanadores shipibo muy respetados, por lo que creció rodeada de saber ancestral y de la medicina de las plantas.
Desde pequeña, Adela disfrutaba acompañar a su abuelo a las ceremonias de ayahuasca. Él era un curandero reconocido en su región, y ella quedó profundamente marcada por la forma en que trabajaba con las plantas, por la fuerza de sus icaros y por el alivio profundo que presenciaba en quienes acudían a él. Muy pronto comprendió que también quería seguir ese camino y aprender a sanar y a sostener a otras personas.
A los veinticinco años sintió que había llegado el momento de entregarse por completo al aprendizaje. Con el deseo de cuidar la salud de sus hijos y de aportar a su comunidad, acudió a su abuelo para pedirle que la enseñara. Él le preguntó si estaba verdaderamente comprometida y le recordó que aprender de las plantas no es un juego, sino un sendero sagrado, exigente y que requiere seriedad y respeto. Adela respondió que sí, que estaba lista y que entendía la responsabilidad de su decisión.
Entonces inició una dieta de un año entero, durante la cual permaneció completamente aislada en su casa. Al finalizar ese proceso, su abuelo le dijo que su camino con las plantas ya estaba abierto y que ellas la acompañarían durante toda su vida. A partir de ahí comenzó a darle ayahuasca y, a través de la ceremonia, aprendió a trabajar con las energías de las plantas que había dietado para poder sanar a las personas.
Con el tiempo, su nombre fue ganando reconocimiento y muchas personas acudieron a ella en busca de ayuda para dificultades físicas, emocionales y energéticas. Durante siete años trabajó como una Onanya respetada en su comunidad, hasta que otro sanador le recomendó colaborar en un centro con occidentales. Desde entonces ha trabajado en distintas zonas de Perú y siente una gran alegría al compartir su medicina.
Adela ama especialmente ver los resultados cuando las personas logran liberarse del dolor y la tristeza. Considera su relación con las plantas como la obra de su vida y sigue comprometida con continuar su dieta y su aprendizaje para servir mejor a su familia, acompañar a otros y profundizar en su propio crecimiento.