



Mi camino en el yoga comenzó a mediados de los años 60 y me ha acompañado desde entonces en todas las facetas de esta práctica ancestral. Esta senda espiritual sostuvo mis estudios de lenguas y periodismo en Austria y Alemania, me aportó una profunda renovación en innumerables países e inspiró mi labor como periodista por todo el mundo. Formaciones intensivas en Alemania, India y Japón afinaron mi comprensión, mientras que numerosos estudios posteriores me llevaron por Europa, Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda y Asia, donde seguí profundizando en mis conocimientos. Las terapias corporales occidentales enriquecen mis propuestas de enseñanza, y los enfoques naturopáticos refuerzan la confianza en la capacidad autocurativa del cuerpo. A partir de experiencias chamánicas, desarrollé Luna Yoga® a comienzos de los años 80 como una forma moderna de Hatha yoga. Desde 1982, imparto clases activamente en diferentes lugares.
La luna refleja el ciclo de nuestras vidas y pone de relieve la fertilidad de los ejercicios en todos los niveles. Despiertan la energía creativa y la acción consciente. Lo que me llena cada día es la alegría que se manifiesta en la práctica de cada persona.
Para mí, el yoga significa alegría de vivir y un cuidado atento de la salud.