
Guerrero del sol. Caballero indígena que enraíza y fortalece para contribuir a un mundo mejor.
Director de orquesta. Guardián y músico del espacio sagrado de ceremonia. Facilitador de preparación e integración psicodélica, además de acompañamiento y guía.
Mi nombre es Alejandro Carbó y siento una profunda pasión por crear belleza. La pasión no es otra cosa que el amor convertido en acción. Es el fuego que nos orienta hacia la expresión de quienes somos de verdad. De ese amor nació Avalon. Un gran lienzo donde pinto con conciencia y, junto a una maravillosa familia, trazamos colores, texturas y formas para compartir aquello que transformó nuestras vidas y nos ayuda a construir nuestra versión más elevada.
Mi historia personal está marcada por tres heridas y revelaciones profundas, quizá compartidas por muchos. La primera fue el miedo a sufrir y a ser herido, que se transformó en aceptación del dolor. La segunda, quedar atrapado en la mente y en los pensamientos, para recordar después la importancia de conectar con las emociones y vivir el presente. La tercera, el apego a la individualidad y a la identidad personal, y con ello el aprendizaje de rendirme a la disolución del ego.
Tras dos años de formación en Programación Neurolingüística, dos meses recorriendo el norte de India con la mochila a cuestas, un programa de meditación Vipassana de diez días y un año y medio junto a Martin Ekholm, centrado en nutrición y movimiento, en mi proceso de autodescubrimiento Wakan Tanka, el Gran Espíritu, me bendijo con el encuentro con la sagrada Ayahuasca. En ese momento, todas las piezas del rompecabezas caótico de mi vida encajaron y cobraron sentido. Recordé quién soy realmente, recordé que todas las respuestas están en mí, recordé amarme y recordé para qué estoy aquí.