
La trayectoria de yoga de Alli Smithdorf comenzó en casa, practicando en el sótano con una cinta VHS, y tomó más fuerza después de la universidad, en 2009, cuando una amiga la invitó a su primera clase. Aquella primera experiencia fue tan intensa que llegó a preguntarse si podría seguir, pero también encendió un compromiso duradero con la práctica. Desde entonces, el yoga ha seguido retándola de la mejor manera, abriéndole nuevas oportunidades de crecimiento, metas renovadas y una conexión más profunda consigo misma.
Para Alli, el yoga ha sido un camino de sanación para cuerpo, mente y alma, y le apasiona acompañar a otras personas en esa misma transformación. Sus clases destacan por su energía, honestidad y una clara atención a la anatomía, creando un espacio donde los estudiantes pueden aprender, moverse y crecer con confianza. Fuera del estudio, Alli suele buscar su próxima aventura, muchas veces escalando montañas y disfrutando de la vida al aire libre.