
Mi camino en el yoga comenzó hace 15 años y, con el tiempo, se ha convertido en una práctica constante a la que regreso una y otra vez. El yoga me ha ayudado a atravesar el estrés y la ansiedad, al mismo tiempo que ha fortalecido mi cuerpo y mi capacidad de resiliencia. También ha transformado la manera en que me relaciono con la naturaleza y con cada ser que la habita.
Mi amor por esta disciplina me llevó a completar mi formación de 200 horas en 2022, con el deseo de compartir el yoga dentro de nuestra comunidad. Mi práctica personal está profundamente enraizada en el Bhakti Yoga, el yoga del amor y la devoción, y ese espíritu guía la forma en que enseño y ofrezco este trabajo a los demás.
Es un honor acompañar a cualquier persona que busque orientación a través de su práctica de asana. Me comprometo a crear un espacio inclusivo en el que cada persona se sienta bienvenida, segura y sostenida tal y como es. Cada clase se diseña con cuidado para ofrecer una experiencia singular que invite al reto, desarrolle fuerza y flexibilidad, y te encuentre justo donde estés en tu práctica.
Mis clases son desenfadadas, divertidas y enérgicas, sin dejar de abrir espacio a la respiración consciente y a la meditación en movimiento. Como mujer blanca que enseña asana, creo que es importante honrar las raíces del yoga reconociendo sus largas tradiciones. Suelo incluir sánscrito junto con los nombres de las posturas en inglés, y a veces entrelazo filosofía y literatura védicas para dar forma al tema de una clase. En ocasiones excepcionales, también puedo ofrecer un pequeño mantra al cierre de la práctica.
Deseo que cada clase te deje un fragmento de esta tradición ancestral que puedas llevar contigo. Om Shanti Shanti Shanti — Paz, Paz, Paz.