
Amy se ha entregado al yoga desde su adolescencia, cuando encontró por primera vez la práctica de bhakti yoga, llena de apertura del corazón, y la quietud profunda de la meditación. Impulsada por un deseo constante de crecimiento espiritual, ha explorado lo que significa vivir con verdad, presencia y una conexión auténtica con el mundo natural.
Su enseñanza nace de una experiencia encarnada: honesta, firme y llena de vitalidad. Cada clase se construye como un viaje poético que invita a ablandarse en el cuerpo, escuchar hacia dentro, soltar lo que pesa y reconectar con la sabiduría que ya habita en cada persona. Inspiradas por los ritmos y ciclos de la naturaleza, sus propuestas combinan movimiento, quietud, respiración y devoción para favorecer una transformación profunda y una conexión más íntima con uno mismo.
Comprometida con el empoderamiento de las mujeres y con el poder sanador de la comunidad, Amy facilita con regularidad círculos de mujeres y talleres en Free Flow Yoga. Su labor honra la sacralidad de ser humano —la luz y la sombra— y recuerda con delicadeza que la conciencia, la intención y el amor pueden guiarnos de vuelta a la armonía con nosotras mismas y con la tierra.