
Mi recorrido personal con el yoga comenzó en los años 80, cuando buscaba una vía hacia una mayor vitalidad y libertad interior. Desde entonces, innumerables impulsos inspiradores y experiencias transformadoras me han acompañado, y sigo disfrutando de descubrir cosas nuevas. Compartir las múltiples facetas del yoga con una comunidad más amplia se ha convertido en mi llamada interior. Me produce una profunda alegría inspirar y apoyar a las personas en su camino hacia dentro.
Junto a mi largo camino en el yoga, he explorado distintos métodos adicionales que, cuando es necesario, pueden integrarse en mi acompañamiento: relajación muscular progresiva, interacción centrada en temas, meditación zen, canto curativo en grupo y herramientas de coaching que apoyan de forma activa los procesos de autoexploración.
La tradición Viniyoga, con la que estoy vinculada desde hace más de 20 años, ofrece una gran riqueza de posibilidades. Las asanas individuales o secuencias completas de movimiento pueden rehacerse una y otra vez de formas nuevas y variadas, adaptándose así a cada persona. Se presta una atención especial a la respiración y a su desarrollo en toda su amplitud. Ahí es donde se revela la magia especial del yoga: la práctica se vuelve serena, concentrada y meditativa. La relajación y el equilibrio interior nacen de esa centración recogida y nutren a quien practica con bienestar, alegría y vitalidad. La práctica misma se convierte en meditación, profundizada a través del pranayama (ejercicios de respiración) y del samyama (sentarse en quietud).
Unido a los impulsos de la filosofía del yoga, todo ello abre un viaje apasionante y creativo hacia el mundo interior, del que pueden surgir no solo nuevas perspectivas, sino, sobre todo, una comprensión más armoniosa de uno mismo.
Como una danza del alma, cuando cuerpo, respiración y experiencia interior se funden en un fluir de entrega. Entonces se abre la puerta hacia lo infinito.