


“No es la persona quien se adapta al yoga, sino el yoga el que se adapta a la persona”. Esta mirada devocional define mi forma de enseñar, inspirada en la tradición de T. Krishnamacharya. Adapto siempre la práctica a la constitución individual y a las necesidades del momento de cada participante. A partir de ahí, las asanas, el pranayama, los ejercicios de relajación y la meditación se diseñan para que cada alumno se sienta plenamente acompañado, tanto en el grupo como en su práctica personal.
La práctica de yoga se transforma según lo que se necesite: puede ser revitalizante o suave, meditativa o dinámica. La respiración ocupa un lugar central, ya que nos conecta a nivel físico y mental y sostiene las posturas. La estructura de la clase sigue un concepto claro, alternando distintos grupos de posturas para darles protagonismo de forma sucesiva. Al final de cada sesión, la relajación profunda permite experimentar una agradable ligereza y una paz interior serena.
Comparto mi experiencia con gran entusiasmo y creo un espacio de alegría en el movimiento, totalmente libre de presión por el rendimiento. Me llena especialmente cuando también puedo despertar el interés por el maravilloso legado de la filosofía del yoga, que ha enriquecido mi vida de tantas maneras.
Esta base la construyó Barbara Nagel. Con ella completé con éxito la formación de profesorado “The Indian Path”, con certificación BDY, en mayo de 2021. Gracias al estudio intensivo de textos de referencia como los Yoga Sutras de Patanjali, a diversas formaciones avanzadas y a mi propia práctica regular de yoga, sigo encontrando inspiración renovada.
Para mí, el yoga significa: una fuente de fuerza para la vida cotidiana, siempre y en cualquier lugar que sea posible, y confianza en el fluir de la vida.