
Nacido en 1955 en la costa central de Oregón, en North Bend, Bob creció entre playas y bosques, donde la naturaleza se convirtió muy pronto en una fuente de consuelo. La pesca y el campamento se transformaron en pasiones que lo acompañarían toda la vida, incluso mientras su infancia estaba marcada por la dureza. A los 10 años ingresó al sistema de acogida y pasó por varios hogares antes de unirse al Ejército de los Estados Unidos a los 17.
Durante su servicio militar trabajó como especialista en recuperación y conductor de camión, incluida una misión en Corea del Sur. Aquellos años dejaron en él un trauma profundo y, al regresar a la vida civil, se sintió perdido. Tras instalarse en Portland, Oregón, pasó muchos años luchando contra la adicción y el peso de un dolor sin resolver. Hacia finales de sus 30, enfrentaba una adicción a la heroína, pesaba más de 500 libras y atravesaba serios problemas de salud, incluido un cáncer de tiroides.
Decidido a cambiar el rumbo, Bob ingresó en un centro de tratamiento y comenzó su proceso de recuperación. Con el apoyo del programa de 12 pasos, descubrió un sentido de propósito a través del servicio y permaneció limpio y sobrio durante 25 años. Reconstruyó su vida y alcanzó lo que muchos considerarían éxito: una casa, autos nuevos y estabilidad financiera. Sin embargo, pese a esos logros visibles, sabía que aún faltaba algo esencial.
En busca de ayuda para el PTSD, acudió al VA Medical Center, donde conoció la medicina de plantas. Aunque al principio era escéptico, decidió reservar un retiro en Arkana Amazon, en la selva peruana. Desde el momento en que llegó, sintió la calidez de la comunidad. Lo recibieron con los brazos abiertos y le dijeron que era parte de la familia, una experiencia distinta a todo lo que había vivido.
Su primera semana en Arkana fue confusa, pero profundamente transformadora. Al ver la posibilidad de una sanación más profunda, Bob regresó varias veces, y cada visita le ayudó a soltar otra capa de dolor y condicionamiento. Trabajando junto a los shamans y el equipo de Arkana, enfrentó su trauma y comenzó a reconectarse con su verdadero ser. Allí comprendió la diferencia entre ser un “human being” y un “human doing”.
Más adelante, Bob fue invitado a unirse al equipo de Arkana como facilitador. Aunque el rol era nuevo para él, lo aceptó con el mismo salto de fe que lo llevó por primera vez hacia la medicina de plantas. Hoy se dedica a crear un espacio seguro y de apoyo para otras personas en su propio camino de sanación. Desde su transformación personal, ofrece amor, aliento y autenticidad a cada huésped que conoce.
Para Bob, Arkana es más que un lugar de trabajo: es familia. Se siente honrado de presenciar cómo los huéspedes liberan su oscuridad, se reconectan con su luz y parten cambiados. A través de su recorrido, ha encontrado propósito al compartir su fortaleza, su esperanza y la sabiduría ganada con esfuerzo. Para él, facilitar en Arkana es tanto una vocación como una forma de devolver algo a la medicina y a la comunidad que transformaron su vida de manera tan profunda.