
A los 13 años perdí a mi hermano pequeño. A los 21, a mi padre. Y a los 25, terminé una relación de ocho años. Cuando cumplí 27, comprendí que esas tres pérdidas no eran solo etapas dolorosas, sino también lecciones decisivas que me han llevado hasta la vida que tengo hoy y hasta estas palabras que comparto contigo.
La única diferencia entre el placer y el dolor es la perspectiva.
Mi recorrido en las artes escénicas comenzó a los 4 años, y 17 años después me acerqué al yoga. Mi formación teatral me mantiene vinculada al juego y a la aventura, mientras que mi práctica de yoga me aporta arraigo, sabiduría y disciplina. Tanto en una sala de ensayo como en una shala de yoga, siempre me siento atraída por crear historias que conecten cuerpo y mente a través de una experiencia compartida.
Valoro la honestidad y la autenticidad. Quiero ayudar a las personas a convertir el sufrimiento en un camino hacia una mayor consciencia, para que puedan adaptarse a los cambios y seguir siendo felices, pase lo que pase a su alrededor. Me conmueven profundamente las enseñanzas de la pérdida, la fortaleza que nace del dolor y el regalo que se esconde en el duelo. Cada momento difícil de mi vida me ha impulsado, hasta ahora, a convertirme en la mujer feliz y plena que soy hoy, y quiero compartir esa visión contigo.
Estoy aquí para acompañar y enseñar a los alumnos a cuidar su salud mental y física, de modo que puedan despertarse sin dar tantas vueltas a la cabeza y sentirse inspirados para crear una vida de libertad y aventura. Mi papel es ofrecer orientación, mentoría y una presencia amorosa a quienes están preparados para el cambio, pero aún no han podido construir los hábitos necesarios para una transformación real.