
Su vínculo con el yoga nació en un momento de profunda tristeza, cuando subir por primera vez a la esterilla le ofreció una sensación inmediata de refugio y regreso a casa. Aquella experiencia marcó el inicio de un camino de búsqueda interior, transformación y descubrimiento personal que seguiría creciendo con los años.
Tras una etapa de adaptación especialmente difícil en Tailandia, dedicó 16 años al estudio de Vedanta, ampliando así su comprensión del yoga mucho más allá de lo físico. Ese recorrido le permitió consolidar una visión clara y constante: el yoga conduce, en última instancia, a Moksha, la libertad.
Como fundadora de SōHA Yoga, ha construido su trabajo desde valores como la familia, el dharma y el autoconocimiento. Su forma de enseñar invita a volver a la esencia de la práctica: claridad interior, verdad y liberación.