
Dao lleva 25 años guiando retiros de ayuno con agua y jugos en distintos lugares del mundo.
A los 16 años dejó la escuela en el Reino Unido y comprendió que había algo más que descubrir. Siguiendo un camino muy transitado, viajó a Asia en busca de aquello que sentía ausente. En Taiwán estudió Tai Chi, una práctica que lo condujo a la Medicina China, aunque la complejidad del sistema terminó por desbordarlo. Más tarde pasó 3 años en India, donde se acercó al Yoga y al Ayurveda, pero nuevamente encontró una maraña de explicaciones que no le resultaban satisfactorias. Ningún otro animal necesita conocer tanto para mantenerse sano… Debía existir una forma más simple de colaborar con el plan de la naturaleza. Una comprensión que no se perdiera entre simbolismos filosóficos ni ideas de equilibrio energético, sino que conectara con algo que ha funcionado para todas las criaturas desde el origen.
Sus búsquedas lo llevaron a profundizar en la alimentación cruda y en las prácticas ancestrales de limpieza del sistema —el ayuno—, así como en sus adaptaciones modernas, como los enemas de colon, entre otras.
En poco tiempo, su sistema inmune y su organismo experimentaron cambios que reflejaron una renovada armonía: ya no necesitaba ser limpiado, sanado o protegido por medicinas externas, ya fueran herbales o farmacéuticas, para conservarse limpio, fuerte y saludable. Esa experiencia le dio la convicción necesaria para comenzar a difundir estas prácticas sencillas y naturales, las mismas que nuestros ancestros defendieron en los textos antiguos y que hoy se extienden por el mundo gracias a sus comprobados beneficios fisiológicos.
“Personalmente, la gran alegría de mi vida es transmitir una comprensión detallada de que nuestro cuerpo es un poema biológico que se equilibra y se construye a partir del ecosistema del que formamos parte. Miles de millones de años de evolución le han enseñado a armonizar con la Tierra, como hacen todas las demás criaturas. Así que, mientras le proporcionemos esos nutrientes, el cuerpo sabe qué hacer. Y somos profundos más allá de toda medida, más allá del simbolismo místico. Si logramos que la mente acompañe este proceso, alimentada por meditaciones en movimiento, por la influencia neurológica de la dieta y por el uso terapéutico de los psicotrópicos, queda claro en todos los niveles que realmente somos la Tierra respirando el Cielo en perfecta armonía. Entonces, solo queda disfrutar y celebrar el viaje. Y la vida se vuelve mucho más simple.”