




A mediados de sus veinte años, Darcy y su hermano compraron un terreno virgen en las tierras salvajes de la Columbia Británica. Durante años, volvió allí para pasar largas temporadas en soledad, construyendo poco a poco una pequeña cabaña y trabajando de cerca con la tierra. Ese tiempo le ofreció el espacio que su alma necesitaba para empezar a hacerse preguntas más profundas sobre quién era y cuál era su propósito.
Desde muy joven, sintió una atracción natural por la naturaleza de la realidad, los misterios antiguos y la profunda sensación de separación y malestar que percibía en el mundo. Algo en la forma en que nos relacionamos con la tierra, con los demás y con nosotros mismos nunca le pareció del todo correcto. En el silencio de la naturaleza, comenzó a cultivar una práctica espiritual seria, basada en la meditación, la contemplación y los viajes chamánicos hacia los grandes misterios. Aquellas experiencias marcaron un antes y un después: despertaron en él una comprensión más profunda del potencial de la creación y de la naturaleza multidimensional del ser.
A medida que su camino se desplegaba, su vida se transformó. Un fuerte deseo de crecer y aprender pasó a ocupar el centro de todo lo que hacía. Se le mostró la inmensidad del universo y el enorme potencial que habita en cada persona. Guiado por el espíritu, siguió a su corazón hasta la Amazonía peruana, donde pasó muchos meses inmerso en la conciencia de las plantas y de los grandes árboles de la selva. Allí se sintió profundamente vivo, acogido por la inteligencia animada del bosque.
Al regresar a la Columbia Británica, conoció a su esposa Robin en Burning Man. Poco después, ambos volvieron juntos a Perú para seguir explorando este profundo ámbito del espíritu. Su recorrido los llevó finalmente al templo de Chavín, en lo alto de las montañas del suroeste de Perú. La civilización Chavín, una de las más antiguas conocidas en Perú, es reconocida como cuna de la espiritualidad andina. Fue una cultura altamente avanzada y pacífica que vivió sin muros, armas ni guerreros durante al menos 2.000 años.
Durante una ceremonia especialmente poderosa, Robin y Darcy sintieron que eran abrazados por el amor de los ancestros de aquellos antiguos maestros. Con el apoyo de las plantas maestras, la tierra y la piedra sagrada del templo, experimentaron una comunión directa con esos antiguos seres. Aquel día tuvieron lugar numerosas transmisiones e iniciaciones, que los activaron como iniciados dentro de un linaje antiguo de medicina de la tierra y de las estrellas. Han pasado los últimos 18 años, y continúan aún hoy, integrando la profundidad de esa experiencia.
Su camino de servicio consiste en honrar las bendiciones de esos antiguos maestros y llevar esta medicina refinada al mundo en este tiempo de transformación. Unos años más tarde, descubrieron la tradición Pachakuti Mesa, enseñada por don Oscar Miro-Quesada, una tradición nacida de la conciencia de los antiguos Chavín, Moche, Lambayeque, Chimú, Nasca, Wari, Inca y Tihuanacaco, así como de los espíritus de la montaña, los espíritus de la naturaleza, Pachamama, las plantas maestras y los reinos estelares.
Para ambos, aquello fue una respuesta a una plegaria, al ofrecerles una comunidad enraizada en este linaje maravillosamente vivo. A través de años de estudio y formación, Darcy continuó en el camino del maestro, comprometido con compartir esta vía de belleza con otras personas. Lo conmueve profundamente la majestuosidad y el poder transformador de estas antiguas energías andinas, y se siente honrado de servir a este linaje acompañando a otros en sus procesos de sanación, plenitud y bienestar.