
Chocolatera, madre, buscadora de visión, danzante del sol y cantora, Diana Oviedo honra y sostiene un camino de servicio profundamente conectado con la medicina y la tradición. Lleva consigo los altares que recibió con la bendición de los ancestros del “Camino Rojo”, incluyendo ceremonias como Two Tobaccos y Temazcals, y acompaña con presencia el cuidado de quienes llegan a beber medicina a Hayulima.
Desde su tierra, Killawasi, en Quito, guarda y ofrece sus oraciones con dedicación. Allí vive junto a sus dos hijos y comparte medicina con su comunidad, manteniendo viva una práctica de entrega, nutrición y vínculo espiritual.
Apasionada por la música, Diana utiliza el canto como una herramienta sagrada para transmitir la vibración de su voz y de sus instrumentos, creando un espacio de conexión, escucha y armonía.