


A los 78 años, este yachak kichwa, cuyo nombre significa “el que sabe”, es un sanador tradicional de Napo, en la Amazonía ecuatoriana. Aprendió desde muy joven junto a sus mayores y ha dedicado décadas a la espiritualidad ancestral, fortaleciendo un vínculo profundo con los espíritus aliados de la naturaleza: plantas, cascadas, lagunas, montañas, piedras, cuevas y bosques. Entre sus fuerzas también están los espíritus del jaguar, la anaconda y el águila.
Personas de varias provincias del Ecuador acuden a él en busca de ayuda. Durante la ceremonia, realiza limpiezas individuales poderosas para cada participante, usando su abanico de hojas y el canto como canales de la energía sanadora de distintos espíritus. En sus visiones, observa a cada persona sentada en un hermoso trono, recibiendo la energía específica de un espíritu particular. Sabe que cada paciente necesita algo distinto, por eso adapta su trabajo de sanación para que el ritual sea lo más beneficioso posible.
Con una presencia firme y constante durante toda la noche ceremonial, crea un velo protector muy potente y lleva a cabo un ritual especial para retirar las energías negativas del cuerpo. Guiará ceremonias de Ayahuasca.