
El más joven de cuatro hermanos chamanes, Don Jack creció en un entorno en el que la sanación se vive como un legado sagrado. Acompañado por sus hermanos mayores y por Don Benigno, fue aprendiendo, a lo largo de los años, la sabiduría de los caminos antiguos a través de una formación cercana, paciente y profundamente arraigada en la tradición viva.
Sus icaros son descritos como un fluir semejante al de los ríos de su tierra: melodías con profundidad, fuerza espiritual y una presencia que envuelve. Su manera de estar es humilde y acogedora; recibe a cada persona con apertura y sin juicio, creando un espacio de confianza y respeto.
Su presencia en el círculo de La Luna del Amazonas representa tanto una bendición como la continuidad de una senda chamánica que sigue viva. Para quienes le conocen, supone una oportunidad auténtica de conectar con las tradiciones ancestrales de sanación.