
Bendito fue el día en que cruzaste al otro lado… El cielo se cubrió de arcoíris, el granizo rozó la tierra, el trueno resonó en nuestros oídos y supimos que los Ángeles habían venido a recibirte.
Don Policarpio Flores Apaza fue un hombre pequeño de estatura y enorme de corazón, capaz de brindar calidez, consuelo, amistad y sabiduría a todos los que se cruzaban en su camino. Huérfano desde muy joven, derramó muchas lágrimas en su niñez, adolescencia y juventud, desplazándose de un lugar a otro y luchando por sobrevivir con los trabajos más duros imaginables, incluido el trabajo en las minas de estaño.
Más tarde se casó con Doña Martina y estableció su hogar en las tierras de su pueblo, Tiwanaku, el lugar más sagrado del pueblo aymara, donde hasta hoy habitan los Altos Sacerdotes. Aunque provenía de otra comunidad, con el tiempo fue reconocido, formado y acogido como Alto Sacerdote, convirtiéndose en una de las figuras más respetadas y queridas de la historia reciente.
Cuando conoció por primera vez a Beautiful Painted Arrow y a mí, nos dijo que nos había soñado durante mucho tiempo.
Habíamos llegado para pedir su bendición y su permiso para celebrar la primera Danza del Sol y la Luna de Bolivia, el encuentro del Cóndor y el Águila.
No solo nos concedió su bendición, sino que caminó a nuestro lado durante la danza en cada uno de los años que le quedaron de vida, junto con su esposa, Doña Martina, y algunos de sus hijos.
Gracias a él, a su reconocimiento y a su apoyo a nuestro trabajo, hemos podido echar raíces duraderas en la tierra y entre la gente, uniendo las distintas tradiciones que hacen de nuestro río una fuerza viva y afirmadora de la vida.
Su memoria y su amor permanecen con nosotros para siempre.