
Su camino en el yoga empezó con humor, honestidad y la disposición de partir exactamente desde donde estaba. Su primera clase fue memorable por todos los motivos equivocados: no se sentía ni flexible ni fuerte, pero aquella experiencia inicial despertó una conexión duradera con la práctica. Se acercó por primera vez al yoga a través de un taller de Kundalini de cinco semanas y, años más tarde, una visita a un ashram en Oregón profundizó su aprecio por el mantra en sánscrito y por la dimensión espiritual de esta tradición.
Casi seis años después del fallecimiento de su padre, sintió la llamada de enseñar. Tras mudarse de Los Ángeles a Connecticut y después a Nashville en 2011, completó su certificación en 2014. Desde entonces, ha compartido yoga en distintos contextos, incluida la creación de Yoga Under the Stars en el Adventure Science Center. Actualmente imparte clases en la zona oeste y ofrece sesiones individuales, aportando calidez, experiencia y una visión serena a cada encuentro.