
Poeta. Creador fecundo, delicado y de una profunda sensibilidad. Músico del corazón.
Hombre de medicina. Guardián y músico del espacio sagrado de ceremonia.
Mi nombre es José Fredy Velásquez Figueroa y nací el 20 de noviembre de 1970 en Mallama, cerca de la selva del Putumayo, en Colombia. Fui llamado a sanar a las personas a través de la música y de las plantas sagradas. A lo largo de mi camino viajé, estudié, acompañé y compartí medicina con abuelos, maestros y taitas de distintas comunidades indígenas colombianas: Awá, Siona, Kamëntsá (Taita Angel Chindoy), Cofán, Inga, Huitoto, Yanacona (Taita Gerardo Silva) y Muisca.
Siempre me vi como un acompañante sencillo, con mi canto y mi guitarra, y así me sentí feliz. He acompañado a los taitas y aún hoy los acompaño desde el corazón. De ellos he recibido, con profundo respeto y amor, sus prácticas y sus saberes.
Desde 2002 he dedicado mi vida a llevar la medicina y los cantos de mi tierra a miles de personas alrededor del mundo, con la memoria, la compañía y el legado de todos esos abuelos. Lo que comparto es la asimilación de lo vivido en estas experiencias de medicina. Para mí, eso se va impregnando por dentro; es distinto a aprenderlo solo por voluntad propia.
Fui la voz principal del grupo folclórico más reconocido del Putumayo. Grupo Putumayo es una formación creada en 1985 por los hermanos Palchukán (William y Jairo), originarios del Valle de Sibundoy, en Putumayo, e integrantes del pueblo indígena Pastos. El proyecto busca recordar y fortalecer el legado ancestral de los pueblos Pastos, Inga y Kamëntsá, además de transmitir un mensaje de conservación de la naturaleza a través de la música.
También he sido vocalista de los grupos Umbral, junto a Diego Mora, exintegrante de Grupo Putumayo, y MAMBE, con Ben Harris. Asimismo, participé en un álbum de Arkawa (Ayahuasca, 2016) y de Giselle World (Tribu, 2018). Actualmente continúo con la carrera solista que inicié en 2006 (Latinoamericando).
Me han llamado la voz de Sudamérica. En las ceremonias, uno mi voz a la antigua y sagrada Ayahuasca, lo que nos permite profundizar aún más en el proceso de autodescubrimiento. Comparto la medicina con la certeza absoluta de que un futuro mejor llegará para la humanidad gracias a las plantas sagradas. En el futuro, volveremos a encontrarnos con la Madre Tierra.