
Desde niño, Geert sintió que era algo distinto a la mayoría de los chicos de su edad, aunque todavía no supiera ponerle nombre. Tenía muchas capacidades y se adaptaba con facilidad a contextos muy diferentes, pero no existía ningún manual que le ayudara a comprender su propia personalidad.
A los 36 años, su vida dio un giro definitivo cuando perdió a sus dos padres a causa del cáncer. Aquella ausencia rompió de golpe la sensación de refugio familiar y le obligó a sostenerse por sí mismo. Fue entonces cuando comprendió que necesitaba encontrar esa seguridad dentro de sí, y comenzó su búsqueda.
En ese momento trabajaba en una empresa que ofrecía numerosas formaciones de desarrollo personal a sus empleados, una oportunidad que aprovechó al máximo. Mientras profundizaba en su identidad, también empezó a mirar el mundo con otros ojos. Aunque participaba en proyectos de innovación de gran alcance, veía con claridad la cara menos luminosa de un entorno centrado en la carrera profesional: la avaricia, el dinero rápido y el beneficio personal. Esos valores chocaban con lo que sentía en su interior, así que decidió marcharse.
Sin trabajo ni ingresos, inició un proceso profundo de autoindagación. Aún recuerda una gran hoja de papel en la pared de su salón, llena de sus talentos, valores, intereses, cosas que quería probar y aquello que le daba energía. Buscaba la esencia de todo: sus dones naturales y su misión de vida. Fue un ejercicio transformador en todos los niveles, que recomienda a cualquiera.
En esos momentos de quietud afloró todo: el pánico, la libertad, la rabia ante un sistema que no siempre nos sostiene, la tristeza, la alegría y, finalmente, la comprensión. Llegó a ver que todas esas emociones necesitan espacio para manifestarse y que reprimirlas puede ser perjudicial. La razón es útil en una situación de lucha o huida, pero no basta para orientar una vida con sentido.
También empezó a entender con más claridad la alta sensibilidad y las fortalezas que puede aportar. Todo talento tiene su sombra, pero eso no significa que tengamos que “arreglarnos” como suele sugerir el mundo laboral. La conciencia ya es suficiente.
Dentro de su lista de deseos, quería hacer voluntariado, así que se unió a una organización sin ánimo de lucro centrada en la cadena corta alimentaria. Más adelante, le contrataron durante 23 horas semanales. En ese periodo estudió PNL, se convirtió en coach independiente y dio clases en una escuela de management, porque ayudar a las personas ya formaba parte de su misión.
Cuando reconoció en el ámbito social los mismos patrones que había visto en el mundo del dinero, siguió el camino que había aparecido durante su etapa de silencio y volvió a irse, una vez más sin ingresos. Por entonces también estudiaba alimentación saludable, permacultura, plantas silvestres, vida autosuficiente y sanación natural. Dejó la medicación, abandonó los productos químicos en el cuerpo, se retiró los empastes de amalgama dental, redujo el uso de plástico incluso para conservar alimentos, cultivó sus propias verduras, empezó a comer solo productos ecológicos y, finalmente, se hizo vegano.
Todo ello le preparó para lo que vendría después. Vendió todo lo que tenía en Bélgica y encontró un lugar precioso en Francia, con la intención de vivir más cerca de la naturaleza, de forma más independiente y autónoma, y con mejor salud. Su foco está en lo que de verdad importa: cultivar alimentos, dedicar tiempo a preparar comidas nutritivas, disfrutar del presente, conectar con la naturaleza y el universo, y compartir todo eso con los demás.
Abriecosy sigue siendo un proyecto en construcción, pero trabaja en él cada día para acercarlo a su visión:
Abriecosy es un lugar donde son bienvenidas las personas que se sienten llamadas a este estilo de vida, para disfrutar, sanar, participar, soñar, apoyar y enriquecer la idea de un mundo diferente, en el que el apoyo mutuo sea central y dar sea la acción principal. Es un espacio dedicado al arte de ser uno mismo y de nutrir el cuerpo con respeto y buena comida. Solo así podremos hacer lo mismo con los demás y con la hermosa naturaleza de la que formamos parte.