
Desde muy joven, la música ha formado parte de mi vida, llevándome a explorar distintos instrumentos y repertorios. Hace unos 20 años descubrí la flauta japonesa shakuhachi. Su sonido me cautivó de inmediato y, al conocer el repertorio tradicional en solitario que en otro tiempo utilizaban exclusivamente los monjes Zen Rinzai para meditar, sentí una conexión instantánea.
Desde entonces he seguido profundizando en este repertorio, viajando ampliamente y avanzando como miembro de Chikumeisha en nivel Shihan. En ese camino tuve la fortuna de conocer y colaborar con Demetrios Psychas, un ser extraordinario y mi maestro en musicoterapia. Él me abrió muchas puertas y me mostró cómo el sonido y la música pueden sanar, recuperar el equilibrio y aportar claridad. Es un campo amplio que continúo explorando, estudiando y practicando.
Trabajo con diversos instrumentos cuyas cualidades apoyan este proceso, entre ellos cuencos y gongs, así como otros que ya conocía, pero ahora abordo de nuevas maneras, como el arpa celta. En este recorrido sonoro, que nos acerca a quienes somos en esencia, también enseño Tai Chi, trabajo a tiempo parcial como ingeniero civil y actúo con grupos musicales.