
La relación de Gwen con el yoga comenzó en la infancia, guiada por su madre a través de clases para niños y de una práctica constante en casa. Aquella primera aproximación fue creciendo con los años hasta convertirse en una compañera de vida, y se profundizó aún más durante su embarazo, cuando el yoga prenatal le mostró el poder calmante del movimiento suave, la respiración y la meditación.
Tras el nacimiento de su segundo hijo, Gwen atravesó una etapa marcada por problemas de salud y lesiones que le pidieron bajar el ritmo y escuchar el cuerpo con atención. Esa vivencia la llevó a una forma de practicar más suave y compasiva, basada en el cuidado, la paciencia y la presencia, que hoy transmite en cada clase que imparte.
Gwen crea un espacio acogedor donde los alumnos pueden ablandarse, respirar y reconectar consigo mismos. Sus sesiones invitan a soltar y encontrar alivio, ayudándote a sentirte nutrido, enraizado y más en casa dentro de tu cuerpo.