
Procedente de Rochester, Nueva York, Hanna ha pasado gran parte de su vida en las Montañas Rocosas y ha desarrollado un vínculo muy especial con Taos, lugar en el que se siente agradecida de poder construir comunidad. Su relación con la naturaleza es profunda y constante: encuentra energía e inspiración en el aire libre, donde la respiración, el movimiento y el paisaje se entrelazan de forma natural y significativa.
Se siente plenamente en casa en esos instantes sencillos que nutren de verdad: sentarse junto al río, recorrer la belleza de la tierra y compartir buenos momentos con amigos. Cercana, cálida y con un toque juguetón, Hanna aporta una presencia dinámica a su enseñanza y una sincera gratitud por el yoga y todo lo que ofrece. Su forma de acompañar transmite alegría y arraigo, invitando a quienes la rodean a bajar el ritmo, respirar con más profundidad y reconectar consigo mismos y con el entorno.