
Hannah Bell completó su formación de 200 horas como profesora de yoga en el verano de 2018 en Mount Madonna Center, en Watsonville, California. Con una sólida trayectoria en las artes culinarias, aporta una profunda comprensión de lo que significa servir. Sus clases pueden resultar exigentes tanto física como mentalmente, pero siempre están equilibradas con ligereza y sentido del humor. Inspirada por su maestro, Baba Hari Dass, y por la idea de que «el trabajo es juego», su mantra personal es ser divertida, honesta y amable.
En sus sesiones anima a los alumnos a abrazar la experiencia humana en toda su belleza y complejidad. Para Hannah, el yoga puede ser muchas cosas: un estiramiento, una respiración, una hora lejos del teléfono o algo mucho más profundo. Se adapta a cada persona allí donde está, ofreciendo atención plena y una intención sincera de servir. Para ella, la verdadera práctica continúa más allá de la esterilla y se extiende a la vida cotidiana.