
Siempre he sido de las personas que sufren con el frío, así que llegué bastante tarde a los baños de hielo. De hecho, no tenía ninguna intención de pasar más frío todavía. Mi primera experiencia surgió por casualidad, cuando una amiga me invitó un fin de semana a un spa —o, al menos, esa fue la única palabra en la que me fijé de verdad. Resultó ser una combinación de baño de hielo y sauna. Era enero, y el hielo de la bañera hubo que romperlo con un mazo antes de que nadie pudiera entrar.
Ni siquiera quería quitarme el abrigo, mucho menos ponerme el bañador y meterme en el hielo. Pero la presión del grupo puede ser muy poderosa. Fui la última del grupo en animarme, y como todos los demás ya lo habían conseguido, no podía echarme atrás. En cuanto salí de aquella agua a 2 grados después de 2 minutos, quedé totalmente enganchada. Me sentí increíble y supe que había encontrado lo mío.
Seguí volviendo al spa, pero quedaba muy lejos de casa, así que no podía ir tan a menudo como me habría gustado. Busqué algo parecido más cerca, pero no existía nada. Cuanto más investigaba, más me sorprendía que esta preciosa zona de los Chiltern Hills no ofreciera nada para quienes aman el agua fría. Así que decidí crearlo yo misma, abriendo RESET Wild Spa en Peterley Manor Farm en 2024.
Ahora el negocio ha crecido en dos condados, con espacios en P.E. Mead & Sons, en Hertfordshire, y en Stonor Park, en Oxfordshire, y disfruto muchísimo de cada segundo que paso construyéndolo y haciéndolo crecer.