
Desde 2002, Indigo comparte clases de vinyasa y yoga restaurativo en estudios y gimnasios, así como en festivales, centros de retiro y espacios al aire libre que invitan a practicar con otra mirada, como parques y azoteas. Su forma de enseñar nace de una convicción sencilla y poderosa: la comunidad verdadera se construye a través de la respiración, el silencio, la risa y la experiencia compartida sobre la esterilla.
Con una trayectoria amplia y una práctica profundamente personal, sigue afinando su enseñanza para que resulte a la vez sutil y sólida. Esa evolución continua favorece un movimiento más auténtico y una sensación de mayor amplitud en la respiración. Su presencia es cálida, centrada y llena de vida, marcada por su recorrido como mujer en un mundo hermoso e imperfecto.
Además de profesora, Indigo es madre y abuela. Vive en Denver con su marido, su hija y su querida perra Jezebel. Le entusiasma volver a reunir a las personas, reconectar amistades lejanas y dar la bienvenida a quienes se sumen por primera vez a una experiencia compartida y renovadora.