
Soy una profesora de yoga entregada, convencida de que cuerpo y mente conservan siempre la capacidad de sanar y evolucionar. Desde niña me han fascinado los perros, cuya lealtad incondicional y forma natural de vivir el presente han sido una gran inspiración para mí.
Mi amor por los animales y mi compromiso con el yoga han unido de manera orgánica el bienestar animal y la práctica yogui en mi vida. Creo en el poder sanador de una práctica constante, así como en la calma que nace del vínculo con los perros. Para mí, la vida se apoya en la atención plena, el equilibrio interior y la alegría que se encuentra en los gestos más sencillos, ya sea en una postura profunda o en la mirada sincera de un perro.
Mis formaciones en India, Múnich y Corfú me han moldeado tanto como docente como a nivel personal. Con más de 1.300 horas de formación en yoga, sigo viéndome no solo como profesora en cada clase, sino también como alumna, aprendiendo de cada participante en el camino.