

Como maestra Shipibo, Isabel reúne un caudal extraordinario de conocimiento sanador forjado a lo largo de más de cuatro décadas de entrega a las plantas medicinales, en especial a la Ayahuasca. Nació en una comunidad tradicional Shipibo cerca de Atalaya, en los bosques exuberantes de la Amazonía peruana. Su formación comenzó a los cinco años, cuando empezó a aprender de su padre y su abuelo, ambos curanderos respetados y custodios de una línea ancestral de sanadores chamánicos transmitida durante muchas generaciones.
Ya en la adolescencia, Isabel acumulaba una amplia experiencia trabajando con Ayahuasca. Profundizó en sus dones a través de doce años exigentes de “dieta”, una práctica de comunión íntima con plantas y árboles maestros. Gran parte de su juventud transcurrió en aislamiento, adentrándose en la selva desde los doce años en este camino transformador. Ahora, en la cincuentena, ha dedicado su vida al estudio de las plantas sagradas, apoyándose en su sabiduría para acompañar con compasión a otras personas en sus procesos de sanación.
La Ayahuasca sigue ocupando el centro del trabajo sanador de Isabel. También prepara con esmero baños de flores y plantas destinados a limpiar la energía de sus pacientes, especialmente de quienes atraviesan depresión, estados emocionales densos o debilidad física. Con el apoyo de sus aliados espirituales de las plantas y de los benevolentes espíritus chullachaqui, seres misteriosos que, según se dice, habitan en las profundidades de la selva amazónica peruana, Isabel lleva a cabo sus viajes de sanación.
En manos de Isabel, una ceremonia de Ayahuasca se convierte en una experiencia profundamente conmovedora y transformadora, impregnada de amor materno, sanación profunda y la belleza sobrecogedora de los ícaros, los cantos curativos de la tradición. También expresa esas melodías etéreas a través del arte visual, creando intrincados diseños textiles y bordados que reflejan la esencia de su senda de sanación.
El recorrido de Isabel como maestra Shipibo es una expresión viva de su devoción por la tradición ancestral y la sabiduría de su linaje. En cada ceremonia de Ayahuasca que guía, ofrece el poder sanador de las plantas sagradas, junto con amor y orientación espiritual, a quienes lo buscan. Su presencia es una fuente de esperanza y transformación, al tiempo que mantiene vivo el conocimiento ancestral del pueblo Shipibo y refuerza el vínculo entre el ser humano y el mundo natural.