
Jess descubrió el yoga como llegan muchas cosas importantes: despacio al principio, y de pronto con una presencia total. Su primer contacto con la práctica tuvo lugar mientras trabajaba en Exhale, en Boston, y esa conexión se hizo aún más profunda tras mudarse a Canyon Ranch, en Lenox, Massachusetts, donde la tierra, el silencio y un ritmo intencionado moldearon su comprensión del cuerpo y de sus necesidades. Lo que empezó como una práctica personal se convirtió en pasión, y después en vocación.
Tras veinte años como alumna comprometida, Jess completó en 2016 su certificación de 200 horas en Asheville Yoga Center. Allí encontró una comunidad de yoga vibrante y comenzó a impartir clases que iban desde Motown, Funk & Soul Flow hasta sesiones restaurativas largas y pausadas. Pronto comprendió que su mayor don estaba en la quietud: ese trabajo que ayuda al sistema nervioso a sentirse lo bastante seguro como para ablandarse y soltarse.
En Sanctuary, lleva esa sensibilidad a sus clases de Yin, donde combina posturas tradicionales mantenidas durante largo tiempo con ajustes manuales y técnicas de liberación somática. Su enfoque trabaja con la inteligencia natural del cuerpo para liberar tensiones a las que la palabra y el movimiento por sí solos no siempre llegan. Quienes practican con ella suelen salir con más amplitud, mayor claridad y una sensación profunda de estar en casa dentro de sí mismos.
Jess eligió Sanctuary porque percibe una comunidad que ama de verdad esta práctica. Se siente honrada de formar parte de ella y espera conocerte sobre la esterilla.