
Me llamo Jordi Carreras y tengo 47 años. Desde que tengo memoria, la música ha acompañado mi vida y la ha alimentado en cada etapa. No ha sido solo mi pasión, sino también el lenguaje con el que me relaciono con el mundo y con las partes más profundas de mí mismo. Es el hilo que entrelaza mis vivencias, mis emociones y mis vínculos con los demás.
Siento que detrás de la música habita un secreto vivo, el mismo que se esconde tras todo aquello que en la vida es realmente bello y valioso. Es un misterio que no puede explicarse con palabras, sino percibirse con el corazón. Esa esencia, ese fondo invisible, es algo que cada persona necesita descubrir por sí misma en su propio camino. Y la música puede convertirse en una de las llaves que abre esa puerta.
Para mí es un honor profundo formar parte del equipo de AMAYAMA y tener la oportunidad de ofrecer la música como compañera en procesos de medicina, autodescubrimiento y sanación. Ver cómo las personas vuelven a conectar con su esencia a través del sonido, la vibración y el canto es un privilegio que me llena de humildad y gratitud.
Durante más de ocho años he tenido la bendición de acompañar ceremonias de medicina de plantas con música. Cada ceremonia es distinta, cada recorrido personal es irrepetible, y aun así la música está siempre presente, como un puente, como un río que nos conduce hacia la comprensión, la liberación y la transformación. Disfruto profundamente compartir canciones, ritmos y melodías en estos espacios sagrados, porque la música nos ayuda a abrir el corazón, a soltar y a sentirnos sostenidos por algo más grande que nosotros mismos.
Estoy muy agradecido a la vida por haberme abierto las puertas de la medicina. Las plantas han sido maestras sabias para mí, ayudándome a sanar, a crecer y a comprender mejor quién soy y qué significa vivir con verdad. Me han enseñado a escuchar no solo con los oídos, sino con todo mi ser: a escuchar el silencio, la naturaleza, el universo y la música que habita en cada ser vivo.
Ayudar a los demás me brinda una sensación de plenitud que las palabras apenas pueden expresar. Hay una fuerza inmensa en el servicio, en ofrecernos al bienestar de otros. Y cuando las personas descubren esa fuerza dentro de sí, el mundo empieza a transformarse, corazón a corazón, alma a alma. Creo que ese cambio ya está ocurriendo, ahora mismo, en la vida de tantas personas que están recordando su verdadera esencia.
Con música, con medicina y con amor, estamos creando espacios de conexión, sanación y despertar. Y en eso encuentro mi propósito más profundo.
¡AMAYAMA para la vida!