
El yoga le ha enseñado a suavizarse y, al compartir su práctica, percibe ese mismo cambio amable en las personas a las que acompaña. Para ella, se ha convertido en una forma de autocuidado sólida y constante, una herramienta a la que siempre puede volver esté donde esté y sea cual sea su estado físico, mental o emocional. Esa mirada le recuerda todo lo que puede florecer cuando nos cuidamos desde las enseñanzas tradicionales y adaptamos la práctica a nuestras necesidades reales.
Disfruta especialmente trabajando con alumnos de procedencias, niveles de experiencia, capacidades físicas y momentos vitales muy distintos, porque ahí es donde la enseñanza se vuelve más creativa y humana. Durante los últimos 8 años, ha formado y enseñado en India, Estados Unidos, Australia y Vietnam. Originaria de London, Ontario, en 2019 continúa su camino en Costa Rica con entusiasmo y apertura.