
Kevin John es un músico local, un kasloviano respetado y una voz activista en crecimiento. Criado en los Kootenays como persona Kyuquot de herencia mixta, ha presenciado de cerca cómo la presencia y las historias indígenas han sido desplazadas. Su trabajo nace de un compromiso profundo con los derechos indígenas y con la reconciliación, tanto en esta región como más allá de ella.
Kevin creció en los Kootenays, donde se estableció la familia de su madre. Su padre, de ascendencia indígena, asistió a una escuela residencial en la isla de Vancouver y más tarde conoció a la madre de Kevin en Kyuquot. Después de que Kevin nació, sus padres se separaron, en parte por el trauma que su padre arrastraba de esa experiencia. Criado en un entorno familiar y comunitario mayormente blanqueado, Kevin tuvo muy poco contacto con personas indígenas durante su infancia. En cierto modo, esa ausencia lo protegió del racismo; en otro sentido, reflejaba el sistema más amplio de asimilación. Con el tiempo, especialmente durante sus veinte años, su vínculo con su identidad se volvió más profundo. En los últimos años, y en particular desde que la verdad sobre las escuelas residenciales ha cobrado mayor visibilidad pública, este tema se ha convertido en el centro de su vida.
Kevin ha trabajado para sacar a la luz la historia, en gran parte invisible, de esta tierra, incluidas las historias de los Sinixt, una de las principales naciones del territorio. Esa labor ha sido difícil, porque gran parte de esa memoria fue borrada o reprimida deliberadamente. Habla con claridad sobre la diferencia entre retirar símbolos coloniales y borrar la historia: la historia sigue documentada, mientras que las historias indígenas, incluidas las de violencia y pérdida, con frecuencia no han recibido placas, señalizaciones ni lápidas. Encontrar esos relatos ha sido especialmente complicado fuera de su propio territorio tradicional, aunque ha tenido la fortuna de conectar con personas que sí los conocen. También señala el creciente reconocimiento de los Ktunaxa, quienes poseen y administran Ainsworth Hot Springs.
Uno de sus logros recientes fue ayudar a convencer al gobierno municipal de incluir un reconocimiento territorial en las reuniones del concejo local. Esto ocurrió gracias a su propio esfuerzo, junto con el trabajo de su tía y su tío, que participan en justicia restaurativa y en sistemas penitenciarios. También describe el momento en que se bajaron las banderas como algo profundamente conmovedor, que lo llevó a las lágrimas. Para él, son pasos importantes, aunque sean pequeños. Kevin cree que los pueblos indígenas deben poder vivir como elijan y gobernarse según sus propias tradiciones. Desde su perspectiva, no puede haber una reconciliación real sin eso. Entiende por qué algunas personas temen el cambio, pero considera que la extracción de recursos continuaría, solo que de una manera más inteligente y sostenible, que además apoye a las comunidades indígenas.
La música ha sido para Kevin una forma de crecimiento personal y sanación. Ahora, la interpretación se está convirtiendo en su plataforma para alzar la voz. Está eligiendo cada vez más canciones con un mensaje social, convencido de que los artistas tienen la responsabilidad de devolverle a la sociedad su propio reflejo. Se presentará el sábado a las 4 p. m. frente al edificio Kemball, en Kaslo, y el show será transmitido en directo en la página de Facebook de Langham.