

Nacida y criada en Berlín, siempre he sentido una profunda necesidad de descubrir el mundo. Esa búsqueda me llevó a mi vocación en 1993, cuando mi primera clase de yoga despertó en mí una sensación duradera de plenitud y propósito. Desde 2002 acompaño retiros y grupos con entrega total. En mi trabajo uno mis dos grandes pasiones: los viajes, marcados por mis estudios de turismo, y mi formación como profesora de yoga con la BDY entre 1998 y 2002, para crear experiencias en lugares con fuerza propia donde no solo practicamos asanas, sino que también tendemos puentes entre las personas y los paisajes.
Los años de experiencia en sesiones individuales y grupales, un sólido conocimiento de distintas tradiciones de yoga, así como mis conocimientos médicos y anatómicos, y sobre todo mi profundo respeto por la individualidad de cada persona, crean un espacio propicio para la relajación, el crecimiento y la sanación. A través de un yoga suave y de mucho espacio para la conciencia, propongo caminos que invitan al equilibrio y al desarrollo en los planos físico, mental y espiritual. En el centro de mi labor está siempre la conexión: con el corazón y con una mirada amable, hacia dentro y hacia fuera. Me encuentro con cada persona donde está, la acompaño durante un tramo del camino y le ofrezco inspiración en el recorrido. Para mí, esta es una llamada interior muy profunda.
Mi sentido del humor, unido a la profundidad que aporta la experiencia vital, y mi sensibilidad para crear espacios en los que el corazón puede abrirse, favorecen encuentros significativos y procesos de sanación a niveles profundos, siempre acompañados de ligereza.
Siento un amor muy especial por la naturaleza y disfruto descubriendo lugares de poder en mis numerosos viajes. En esos espacios experimento de forma muy directa que todo lo que necesitamos ya está ahí. Siempre que es posible, practico yoga no solo bajo techo, sino también al aire libre, rodeada de naturaleza.
Mi trabajo también se enriquece con mi amor por la danza y otras formas de movimiento, la meditación, así como el trabajo con la voz y la energía del sonido.
Además del yoga, ofrezco masajes energéticos holísticos y coaching. Estas herramientas pueden apoyar y profundizar los procesos que surgen en el trabajo grupal, y también constituyen un camino valioso en sí mismas para escuchar la voz interior, comprender con más claridad el lenguaje del cuerpo y recibir impulsos del inconsciente. Acompaño estos procesos vaciándome y escuchando, percibiendo y siguiendo lo que emerge. Así puede establecerse el contacto con capas más profundas del cuerpo y del alma, y lo que esté listo para aflorar en ese momento puede desplegarse. La amplitud de métodos con la que trabajo me aporta una gran flexibilidad.
Los movimientos fluidos, conscientes y atentos, guiados por el ritmo de la respiración, abren la puerta a la relajación, a una vivencia profunda y a esos momentos valiosos en los que la mente se aquieta.