
Laura baila desde la infancia y su profunda conexión con América Latina ha marcado su camino de forma decisiva. Durante 12 años ha practicado salsa, mientras que la cumbia sigue siendo su música favorita y una fuente constante de inspiración. Estas influencias latinoamericanas se reflejan en las selecciones musicales que prepara con mimo para cada encuentro de Cacao Dance.
En los últimos años, Laura ha orientado su trabajo hacia la regulación del sistema nervioso, especialmente a través de prácticas somáticas como aplaudir, sacudir el cuerpo y el movimiento intuitivo. Ese recorrido la llevó de manera natural a la danza extática, que sintió enseguida como algo familiar, porque no gira en torno a la técnica ni a la performance, sino a la sensación. Para ella, ahí siempre ha estado el corazón de la danza.
Laura entiende el movimiento como una de las herramientas más poderosas que tenemos, junto con la escritura y la palabra, para comprendernos y favorecer la regulación emocional. Y, además, cree que debe ser una experiencia alegre. A través de Cacao Dance, crea espacios donde las personas pueden ser auténticas, moverse con libertad y conectar sin máscaras. Con calidez, intuición y atención al detalle, da forma a veladas en las que la magia surge de manera natural y los desconocidos se convierten en amigos.