
Criado en la comunidad de Betania, Maestro Soi proviene de una estirpe de Maestros. Su nombre expresa el vínculo cercano entre su familia y las plantas, y está inspirado en el aspecto femenino del árbol sagrado Noya Rao. “Soi” sugiere una luz suave y luminosa, una imagen que encaja con la presencia energética que lo caracteriza.
Hoy, a sus 39 años, comenzó su recorrido de sanación a los 14, cuando inició una dieta de plantas intensiva con Noya Rao que se extendió durante un año y medio. En ese período vivió en la selva, completamente aislado, acompañado y guiado por su abuelo. A través de esas transmisiones energéticas recibió enseñanzas de los elementos y del mundo natural. Para los 16 años ya participaba en ceremonias y aprendía a reconocer y trabajar con los traumas de las personas. A lo largo de su juventud y su vida adulta continuó aprendiendo y practicando junto a su abuelo y sus tíos.
Maestro Soi habla con franqueza sobre los múltiples desafíos que implica el camino de sanación chamánica. Para alcanzar un nivel más profundo de maestría, una persona debe atravesar numerosas pruebas que aparecen en todos los ámbitos de la vida, incluida la familia, las amistades y las relaciones. Este sendero exige resistencia y pide sacrificio, fortaleza mental, integridad y fe.
Encuentra un propósito profundo en acompañar a otros mientras atraviesan transformaciones psicológicas, emocionales, espirituales y físicas. Maestro Soi comprende que muchas personas han perdido la orientación, el sentido y el propósito. Algunas se han desconectado de sus raíces culturales y del camino que realmente les pertenece. Otras viven adormecidas, sin poder sentirse a sí mismas ni a quienes las rodean. En ese estado, el vínculo con la naturaleza se debilita, la armonía con el entorno se pierde y la mente rara vez descansa. Sin presencia, el espíritu puede derivar hacia una especie de sueño despierto.
Maestro Soi posee una comprensión profunda de la medicina y de la responsabilidad que implica compartirla. Es consciente de la confusión y del uso inadecuado que pueden rodear tanto a la medicina como a la práctica, y esa mirada lo ha inspirado a llevar su trabajo más allá de Perú y ofrecerlo en Soltara. Trabaja de cerca con su prima, Maestra Silvia, y juntos forman una poderosa combinación de Sol y Luna. Su espíritu de equipo compartido se escucha con claridad en cada icaro que cantan juntos.
Recibe con apertura la curiosidad de quienes se acercan a la medicina Shipibo y comprende que muchas personas buscan autoconocimiento y una sabiduría superior: un saber más profundo sobre la vida y sobre sí mismas que no suele encontrarse con facilidad en la vida moderna. Su intención es servir a quienes anhelan paz y armonía interior. Maestro Soi recorre este camino con profundo respeto por las plantas y por la humanidad, y esa integridad está presente en su labor tanto dentro como fuera de la ceremonia. Con su presencia serena y de voz suave, transmite confianza y compasión en todo lo que hace.