
La primera vez que Manu llegó a Perú fue en 2010, y desde entonces la belleza profunda de la Amazonía lo impulsó a regresar una y otra vez. Con cada visita, su vínculo con esta tierra extraordinaria se fue fortaleciendo, hasta convertirla en una parte esencial de su camino personal y espiritual.
En 2015 comenzó a trabajar con la Ayahuasca y las medicinas de plantas dentro de la tradición Shipibo, abriendo una senda que más tarde lo llevó, en 2019, a iniciar un aprendizaje formal como chamán. Ese paso representó un compromiso significativo con la sabiduría sanadora del Amazonas.
Hoy, Manu dedica su energía a un centro de sanación que honra las tradiciones indígenas, apoya a las comunidades locales y contribuye a la protección de la selva. Reconocido por su calidez y su cuidado genuino hacia las personas, aporta una presencia cercana y acogedora en cada encuentro. Ya sea compartiendo una conversación profunda, riendo con otros o tocando espontáneamente una canción con su guitarra, Manu crea un ambiente de conexión, alegría y celebración de la vida.