
A los 43 años, había construido lo que muchos llamarían una vida ideal: una carrera exitosa, un matrimonio amoroso, dos hijos maravillosos y una agenda llena de actividades sociales y aficiones. Viajaba por el mundo y gozaba de buena salud. Sin embargo, detrás de esa imagen de plenitud, sentía un vacío profundo y una tristeza que no sabía nombrar. Fue al relacionarme con un grupo de meditadores cuando empecé a comprender que mi vida estaba guiada por pensamientos condicionados y que había dejado de escuchar las verdaderas aspiraciones de mi corazón y mi alma.
En diciembre de 2012, todo dio un giro. Tomé la decisión firme de decir “SÍ” a lo que la vida me mostrara y de vivir plenamente mis emociones y sensaciones, aunque parecieran irracionales o me dieran miedo. A partir de ese momento inicié cambios radicales: me divorcié, envié a mis hijos a un internado y solté mis posesiones materiales. Con solo tres maletas y un billete a India, comencé un nuevo camino con una conciencia más despierta y una atención mucho más clara sobre mis decisiones.
Durante mis viajes encontré refugio e inspiración en el Osho International Meditation Resort, donde viví numerosas revelaciones y experiencias transformadoras. Allí sentí una profunda gratitud hacia las personas que facilitaron mi proceso en esa etapa. En 2016 descubrí mi verdadero hogar en Finca el Péndulo, una finca que se convirtió en mi lienzo creativo y en el reflejo de mi nueva vida. Fue también allí donde conocí a Humberto, y nuestros caminos se unieron mientras ambos nos adentrábamos en la exploración de las medicinas sagradas.
A través del uso de Ayahuasca y otras medicinas sagradas, comprendí que el estado de conciencia y las grandes revelaciones que antes alcanzaba tras largas horas de meditación podían experimentarse en una sola noche. Pude ver el enorme poder de estas herramientas para desbloquear emociones ocultas, liberar patrones de pensamiento tóxicos y conectar con los verdaderos deseos del corazón. Humberto eligió Finca el Péndulo como su hogar espiritual, y yo abrí sus puertas a quienes buscaban sanación y paz mental. Ser testigo de los procesos transformadores de cientos de personas que han participado en ceremonias ha reforzado el propósito de Finca el Péndulo y ha dado un sentido más profundo a mi propio camino. Aunque el viaje continúa, sigo explorando las posibilidades infinitas que existen más allá de la mente, guiada por las aspiraciones más hondas de mi corazón y mi alma.