
Tras recibir el impulso constante de su hija mayor, Candice, Mary se acercó al Bikram yoga en busca de una mejor salud. En ese momento convivía con el síndrome del túnel carpiano y la presión arterial alta, y su primera clase dejó una huella profunda. Desde el inicio percibió cambios positivos dentro y fuera de la esterilla, hasta completar un reto de 30 días que fortaleció aún más su compromiso con la práctica.
Al comprobar el impacto tan favorable que el Bikram yoga tuvo en su bienestar, decidió formarse como profesora para compartir sus beneficios con otras personas. En sus clases ofrece una presencia cálida y protectora, junto con indicaciones claras y un aliento constante que ayudan a los alumnos a mantener la concentración y la motivación. Su manera de enseñar crea un espacio inspirador, donde cada practicante puede desafiarse con confianza.
Cuando no está en el estudio, Mary disfruta mucho de la cocina, explorando distintas gastronomías y preparando platos deliciosos. Esa misma dedicación y creatividad también se reflejan en su enseñanza, haciendo que sus sesiones sean a la vez sostenedoras y revitalizantes.