
Hace unos seis años, esta profesora descubrió el yoga en su primera clase en Nueva York, una experiencia que marcó un antes y un después en su camino personal y profesional. Desde entonces, ha sentido una profunda vocación por compartir en Japón las enseñanzas auténticas y transformadoras que recibió en India.
Su enfoque entiende el yoga mucho más allá del movimiento sobre la esterilla: lo concibe como una forma de vida capaz de cultivar paz interior, claridad mental y una conexión más sincera con uno mismo y con los demás. En sus clases, propone un espacio cercano y accesible donde cada alumno pueda explorar el yoga de manera significativa, comprendiendo también cómo su práctica puede influir en la vida cotidiana.
Apasionada por acercar estas enseñanzas a su tierra, transmite una invitación abierta a quienes buscan equilibrio, inspiración y una manera más consciente de vivir.