
Amante auténtica y entregada, capaz de unir a las personas a través del flujo, la alegría y el amor puro.
Anfitriona espiritual. Terapeuta de masaje. Guía.
Desde siempre, Nesrine Haffani —a quien muchos conocen como Rainbow— ha sentido su vida como un cuento lleno de luz, sueños y sensibilidad. De niña se percibía inocente, curiosa y profundamente amorosa, rodeada de una familia que le transmitía protección, seguridad y esperanza. Veía el bien en cada persona y creía con firmeza en la unidad de todo lo vivo.
Pero esa historia también se vio atravesada por el dolor. Muy pronto, la belleza dio paso a la oscuridad y al sufrimiento, obligándola a construir muros de defensa para proteger su corazón. Su infancia estuvo marcada por abusos sexuales, violencia física y psicológica, el divorcio de sus padres y la convivencia con dos madrastras que la maltrataban a ella y a su hermana gemela. Durante años no pudo hablar de ello ni ser escuchada.
A los veinte años vivió un matrimonio forzado que se prolongó durante cuatro años. En ese tiempo tuvo que mentir, fingir y sacrificar su propia vida por el bienestar de su familia, trabajando en Europa y enviando dinero a casa, mientras soportaba una realidad profundamente dolorosa.
Después del divorcio, se alejó de la religión, de Dios y de sus creencias, cuestionándolo todo. Llegó incluso a intentar quitarse la vida, sintiéndose incapaz de poner fin al sufrimiento que cargaba desde hacía tanto tiempo.
A los veinticinco años se enfrentó a dos cánceres al mismo tiempo: cervical y de mama. Sin familia, sin amigos y sin apoyo, atravesó esa etapa en soledad. Lo que le dio fuerza fue el amor por su hermana gemela, a quien no quería dejar sola en un mundo tan duro. Luchó con determinación, pasó por seis meses de quimioterapia y después por una cirugía. Y ganó esa batalla.
Dos años más tarde perdió a su hija. Tras la operación, los médicos le dijeron que no podría volver a tener hijos, pero un año después quedó embarazada. Ese embarazo le devolvió la fe y la esperanza; durante tres meses imaginó la vida que construiría junto a Jade. Sin embargo, en el cuarto mes tuvo que interrumpirlo, porque el riesgo de muerte para ambas era demasiado alto.
Finalmente, tras veintisiete años de pruebas extremas, la vida le mostró un nuevo camino. Un guía, un gurú y un salvador llegaron para iluminar su proceso y abrirle la puerta a una realidad distinta: una donde todo es posible, donde solo existe el amor y donde ella puede reconocerse como un ser divino.
En esa nueva etapa encontró a su tribu, a su familia elegida y a un sentido más profundo de pertenencia. Hoy vive desde la espiritualidad, la conciencia superior y la divinidad, en un espacio donde ya no hay lugar para el dolor ni para el sufrimiento, sino para el recuerdo de quién es y por qué está aquí.
Si Cinderella halló su final feliz en un castillo, Nesrine encontró el suyo en la espiritualidad y en la expansión de la conciencia.