
Hace 16 años, Nico inició su camino junto a la Ayahuasca, formándose con Taita Florentino Agreda, de Putumayo, Colombia. Aquellos primeros años de ceremonias constantes fueron una iniciación profunda, que le aportó claridad y fortaleció un vínculo muy íntimo con esta medicina.
Junto a Taita Florentino, recorrió distintas regiones de Colombia apoyando ceremonias y tocando música medicina. Más adelante, siguió aprendiendo de taitas vinculados a otras tradiciones, entre ellos Taita Isaias Munos Macanilla, de la comunidad Kitchwas del Amazonas; Taita Querubin Queta, del pueblo Cofan; y Taita Leonel Tascon, del pueblo Embera, entre otros.
Otro capítulo significativo en su proceso de búsqueda y sanación fue su convivencia con el pueblo Kogi en Sebiaca, en la Sierra Nevada de Colombia. Allí enseñó y creó música con los niños de la comunidad, mientras aprendía sobre su cosmovisión, sus prácticas de sanación y la belleza sencilla de una vida en armonía con los elementos.
Tras mudarse a Estados Unidos, Nico orientó su vida hacia la agricultura orgánica y la construcción sostenible. También cumple el rol de guardián del fuego en temazcales de las tradiciones Lakota e Itzachilatlan. Actualmente se encuentra en su tercer año de Vision Quest dentro de la tradición Itzachilatlan y ha sido invitado a iniciar Sun Dance con la comunidad One Heart One Mind Lakota.
Nico entiende estas medicinas ancestrales, tradiciones y altares como recordatorios de que la verdadera medicina es la vida misma. Su intención es ayudar a crear un espacio seguro, sagrado y hermoso para que las personas se sienten con uno de los más grandes chamanes de todos: el gran espíritu de la Ayahuasca.