
Su recorrido en el yoga y en la enseñanza nació de una experiencia personal de sanación. Poco después de terminar el instituto, le diagnosticaron una escoliosis severa y convivió con dolor crónico durante gran parte de su vida. Con el tiempo, el yoga —y, en especial, el Ashtanga— transformó por completo su día a día, ayudándola a sentirse más fuerte, más sana y más equilibrada, tanto física como mentalmente.
Antes de dedicarse a la docencia, trabajó como diseñadora de moda y llevaba una vida muy distinta. Sin embargo, el yoga le ofreció la oportunidad de volcarse por completo en su proceso de recuperación y de descubrir un propósito más profundo. Criada en Bali, creció con un fuerte sentido de comunidad y servicio, y el yoga se convirtió en una forma de llevar ese espíritu más allá de sí misma.
Durante la pandemia, acompañó a las personas de su entorno a través de prácticas de yoga, guiada por el karma yoga y por el deseo de servir. En la actualidad, sigue ampliando sus conocimientos en salud holística. Entre sus intereses se encuentran la alimentación viva y el detox, y está completando su certificación como coach de nutrición holística y detox.
También viajó a Rishikesh, en India, para profundizar en su estudio del yoga. Tras haber comprobado en primera persona cómo el yoga y una nutrición adecuada pueden favorecer la recuperación, integra esa comprensión en sus clases. Nikki agradece poder compartir su pasión por el camino de sanación y ayudar a otras personas a encontrar fuerza, claridad y propósito.