
Servidor humilde y auténtico de la medicina. Sencillez, pureza y bondad quechua.
Hombre medicina. Guardián y músico del espacio sagrado ceremonial.
Mi nombre es Nilton Santi. Nací en Cusco, Perú, y desciendo de la cultura andina quechua. Vivo en el Valle Sagrado de los Incas desde 1980, un territorio abrazado por montañas sagradas, los Apus, deidades andinas que protegen y acompañan a quienes habitan esta tierra mágica.
La Madre Ayahuasca llegó a mi vida en un momento difícil, marcado por confusión mental y emocional. Estaba atrapado en pensamientos negativos, adicciones y una rutina diaria autodestructiva. El poder de la medicina me ayudó a comprender y liberar emociones reprimidas, traumas y miedos. Ese proceso me condujo a la autoaceptación y a una autoestima más firme, y fue el impulso para dejar atrás hábitos que me dañaban.
Mi camino con la Madre Ayahuasca comenzó junto al maestro peruano Diego Palma (1967-2019), fundador del templo La Pacha Maha en Pisaq, Perú. Después continué este recorrido con maestros shipibos de mi país. Con ellos conocí la enorme bondad de las plantas maestras y aprendí, desde la experiencia, que el amor propio es una de las formas más profundas de sanación.
Desde que descubrí los beneficios y el poder curativo de las plantas sagradas que nos ofrece Pachamama, mi relación con ellas, unida a mi labor compartiendo medicina en ceremonias, se volvió esencial en mi vida.
Trabajo con Ayahuasca desde 2012, tiempo en el que aprendí a guiar y acompañar a otras personas en sus procesos de sanación. También trabajo con el abuelo Huachuma, San Pedro, y con el padre Tabaco. A lo largo de esta experiencia he asumido distintos roles, que me han enseñado a sostener a mis hermanos y hermanas en sus procesos de limpieza y transformación durante las ceremonias.
La medicina me ha permitido abrir mi expresión musical. La música es una herramienta para llegar a las personas, siempre que se comparta con amor y respeto. Nos invita a mirar de frente traumas, frustraciones y temores. También consuela, porque sus cantos transmiten mensajes de amor. Mi inspiración nace especialmente de los huaynos, música de los Andes. Además, utilizo música tradicional, incluyendo ikaros, cantos sagrados dedicados al espíritu de Ayahuasca, y música medicina. Todo ello se canta en distintos idiomas y con diversos instrumentos.
Además de ser ayahuasquero, soy maestro de escuela primaria en un pequeño pueblo llamado Lamay, a una hora de Cusco. Mi familia y yo tenemos una maloca en la montaña sagrada Mama Saywa. En este espacio comparto medicina con personas de distintas partes del mundo, y disfruto especialmente servir a la gente local de mi comunidad.
El pueblo quechua es originario de regiones andinas de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Argentina. Con más de 12 millones de personas, constituye el grupo indígena más numeroso de América. Hablan quechua, lengua surgida entre los pueblos nativos del Perú, y se llaman a sí mismos “runa”, es decir, “la gente”.
Según el Ministerio de Cultura del Perú, entre las identidades quechuas destacan los Cañaris, Chankas, Chopccas, Huancas, Huaylas, Kana y los más conocidos Q’eros. Su linaje se remonta al Imperio Inca, donde desempeñaron un papel vital como agricultores, tejedores y constructores en el que fue el imperio más extenso de la América precolombina.
Su agricultura está profundamente unida a sus creencias espirituales y a un respeto profundo por la naturaleza. Sus prácticas se basan en un conocimiento íntimo de la tierra y de sus ciclos. Cultivan productos como papa, maíz, quinoa y trigo.
Los quechuas perfeccionaron el arte de las terrazas agrícolas, transformando las laderas pronunciadas de los Andes en tierras fértiles. Estas terrazas ayudaban a conservar el agua y a reducir la erosión del suelo. Esta innovación, heredada de época inca, les permite sembrar a distintas altitudes aprovechando los microclimas de la región.
Han preservado una vida espiritual rica, arraigada en la cosmovisión andina y mezclada con el catolicismo introducido por los colonizadores españoles. Los rituales en honor a Pachamama y a los Apus siguen practicándose ampliamente, a menudo en coincidencia con festividades cristianas.
Pachamama es venerada como una fuerza femenina y dadora de vida, protectora de la agricultura, la fertilidad y el bienestar general del ecosistema. Los Apus son considerados protectores y ancianos sabios dentro de la cosmovisión andina. Cada montaña, especialmente las más imponentes, posee su espíritu o divinidad que resguarda a las comunidades cercanas.
La cosmovisión andina es una manera de comprender el mundo, un marco espiritual que ha guiado al pueblo quechua durante milenios. Es una visión integral de la vida, en la que todo en el universo es sagrado e interconectado.
Uno de sus pilares es el ayni, principio de intercambio mutuo y reciprocidad que sostiene su organización social. Gracias a él, la comunidad permanece unida y las necesidades de todos son atendidas. Cuando una familia siembra o cosecha, otras personas se reúnen para ayudar, con la certeza de que ese apoyo será devuelto más adelante.
La chakana, o cruz andina, simboliza esta visión del mundo y representa la conexión entre los tres planos de existencia: el cielo, la Tierra y el inframundo. Animales como el cóndor, el puma y la serpiente también ocupan un lugar esencial en su cosmovisión, representando esos tres mundos.
El pueblo quechua es maestro del tejido. Esta tradición se transmite de generación en generación y refleja su historia, espiritualidad y vínculo con la naturaleza. Con lana de oveja y fibras de alpaca, llama y vicuña, sus tejidos no solo sirven para el uso cotidiano, sino que expresan profundamente su identidad cultural y su sabiduría ancestral.
Su tradición mantiene un largo vínculo con las plantas medicinales para la sanación, el desarrollo espiritual y la conexión con la naturaleza. Estas medicinas están estrechamente ligadas a su sistema de creencias, que entiende al ser humano como profundamente conectado con Pachamama.
Entre estas medicinas se encuentra Ayahuasca, que en quechua significa “liana de los muertos” y es considerada patrimonio cultural en Perú. En quechua, Huachuma o San Pedro se utiliza desde hace más de 3.000 años en las tradiciones curativas andinas. La coca también cumple un papel sagrado en los rituales quechuas, y suele ofrecerse a Pachamama como gratitud por sus dones. Masticar o beber hojas de coca aumenta la energía, calma el hambre, ayuda con el mal de altura y aporta numerosos nutrientes. El mapacho, o tabaco abuelo, se emplea ceremonialmente en la Amazonía y los Andes y es considerado una planta sagrada de sanación. Los shamans suelen utilizarlo como protección en las ceremonias.
La música tradicional quechua se distingue por instrumentos como el charango, la quena y la zampoña. Es una forma de expresión cultural y, al mismo tiempo, un medio para preservar su historia y sus relatos. Sus cantos suelen evocar amor, dificultad y reverencia por el mundo natural, funcionando como un archivo vivo de su memoria colectiva.