
Con un nombre que significa “fuego” en quechua, Nina transmite una presencia intensa y profundamente conectada con sus raíces ancestrales, vinculadas al pueblo Yagua. Es descendiente orgullosa de una estirpe marcada por la tradición, y su abuela formó parte de la primera generación de Yaguas que se asentó en Nuevo Perú. Crecer en una familia de paleros y curanderos napinos despertó en ella, desde muy joven, un profundo respeto por las artes de la sanación.
En nuestro centro, comparte este legado a través de ceremonias pensadas para ofrecer a los huéspedes una experiencia significativa y reparadora. Además, propone delicados baños de flores, que invitan a detenerse, respirar y abrir un espacio de calma, reflexión y renovación. La presencia de Nina aporta calidez, riqueza cultural y una delicada sensación de cuidado sagrado en cada sesión que acompaña.