
Olga practica yoga desde 2005, cuando su interés por la dimensión espiritual de esta disciplina la llevó a explorar las asanas a través del vinyasa de estilo Baptist. Durante años, el yoga fue una parte esencial de su vida cotidiana, hasta que en 2018 recibió un diagnóstico de cáncer metastásico, al que siguieron un deterioro progresivo de los huesos y una notable pérdida de movilidad. Vivir con dolor y atravesar un tratamiento intensivo y prolongado abrió para ella un nuevo camino, en el que profundizó en las bases no físicas del yoga: la meditación, la disciplina y las técnicas de respiración.
Tres años después, el cáncer había desaparecido, pero su cuerpo seguía desalineado y con una fuerte rigidez muscular. Las asanas tradicionales todavía no estaban a su alcance. En su búsqueda de una forma de recuperar un movimiento saludable, Olga descubrió el Pilates gracias a una profesora extraordinaria que supo ver potencial donde otros habrían visto límites. Con una práctica constante de Pilates, junto con el conocimiento y la inspiración de esa maestra, su cuerpo volvió al nivel de fuerza que tenía antes de la enfermedad. Esa recuperación tan notable la impulsó a formarse en ejercicio basado en Pilates, movimiento terapéutico y el papel de la respiración en la salud integral. Más tarde obtuvo una certificación de Mat Pilates.
Su filosofía de enseñanza parte de la idea de que el cuerpo físico es un sistema inteligente e interconectado. Sus clases ponen el acento en el bajo impacto, la alta conciencia corporal, la conexión con la respiración y la invitación a mantener la curiosidad y disfrutar del proceso.