
Putu creció en un pequeño pueblo cerca de Canggu, a un breve paseo del océano. Cogió su primera ola con 14 años y, a menudo, se escapaba a la playa antes o después del colegio; a veces incluso iba con el uniforme y se cambiaba a la vuelta de la esquina para poder surfear. En aquella época, las tablas eran difíciles de conseguir, así que él y algunos amigos se las iban turnando.
Con el paso de los años, llegó a convertirse en surfista profesional y, a los 23, ya era instructor de surf certificado por la ISA, socorrista y entrenador principal. Pero para Putu, el surf nunca ha sido solo una cuestión de técnica o rendimiento. Se trata de sentirse en armonía con el mar, dejarse llevar por él y valorar el presente.
Crecer en Bali también marcó su forma serena y enraizada de entender la vida, algo que se percibe con naturalidad en su manera de enseñar y de relacionarse con los huéspedes. Cuando Emma puso en marcha Pelan Pelan, Putu apoyó la idea desde el principio. Poco después, tomó la decisión de implicarse por completo, dejando su trabajo para construirlo junto a ella. Hoy comparte no solo su conocimiento del surf, sino también ese vínculo más profundo con el océano y el estilo de vida relajado y equilibrado por el que Bali es conocida.