
Rebecca descubrió el yoga en 2015, cuando decidió recurrir a esta práctica como una vía consciente para recuperarse del agotamiento y de la exigencia de una carrera corporativa de alto nivel. Con formación en Derecho, aporta a sus clases una mirada serena, reflexiva y muy enraizada, junto con un compromiso sincero por compartir el poder transformador del yoga.
Se formó en Vinyasa y Hatha con Brett Larkin y, desde entonces, ha profundizado especialmente en anatomía, pranayama y meditación. En sus sesiones, la meditación guiada suele integrarse de forma natural para favorecer una presencia más plena y una calma interior más profunda. Su manera de enseñar se apoya en el equilibrio entre Sthira y Sukha —esfuerzo y suavidad—, dando lugar a una práctica estable, pero también amplia y acogedora.
Cercana, cálida y con un toque desenfadado, Rebecca introduce humor y ligereza en cada clase para que las personas participantes terminen la sesión con una sensación de bienestar, relajación y una sonrisa.