
Riley Jane transmite una presencia serena y cálida que inspira a los más pequeños desde el cariño incondicional. Con la dulzura de un hada madrina sin alas, anima a los niños a soñar en grande y a mirar siempre hacia lo más alto. Tras colaborar como voluntaria en zonas remotas de África con el Peace Corps, decidió seguir la llamada de su corazón hasta Rishikesh hace unos años. Desde entonces, allí y en cada lugar que visita, su espíritu parece seguir el compás sagrado del Ganga.
Practica kundalini yoga con devoción y lleva a cada gesto una profunda vocación de servicio y compasión. Su amor por la infancia también se refleja en los dulces veganos que hornea con esmero y comparte con afecto. Con casi una década de trabajo constante, humildad y entrega, Riley habla poco, sonríe mucho y deja que sean sus acciones las que marquen el camino. Esa fuerza tranquila define a esta karma yogini de Montana.